Definición y claves de la obsolescencia programada

“- Maldita obsolescencia programada… ¡Dos años! ¡Dos años hará desde que me compré el frigorífico y ya no funciona! Cada vez hacen las cosas más malas… para que se rompan antes y tener que comprar uno nuevo cada dos por tres. Hace mil años que inventaron las medias irrompibles y así seguimos.”

Seguro que esta conversación, o una similar, te suena. La obsolescencia programada está a la orden del día y solo le salen detractores. Los aparatos eternos e irrompibles son un sueño en el mundo consumista en el que vivimos. ¿Pero qué es realmente la obsolescencia programada? ¿Es la culpable de la caducidad de los productos tecnológicos? ¿Tiene un motivo, o solo la inventaron para molestar a los clientes? En este artículo vamos a intentar definir a este “fantasma” y explicar sus claves.

La obsolescencia programada u obsolescencia planificada es la programación del fin de la vida útil de un producto. Durante la fase de diseño de un producto, se calcula una fecha tope en la cual el producto pasará a mejor vida, dejará de funcionar, quedará obsoleto, inservible, inútil. No se podría culpar a empresas concretas de falta de ética por programar esta obsolescencia, es una actitud mayoritaria que pretende aumentar los beneficios económicos. Se consigue que el consumidor sea “fiel” a un producto o marca, al tener que reponerlo periódicamente, generando relaciones de adicción por estos “productos basura”.

Dicen que el primero que se planteó fijar la obsolescencia fue Bernard London. Este bróker ruso-estadounidense decidió en 1932, que para paliar la gran depresión, podría ser interesante lucrarse a costa de la sociedad, y además fijarlo por ley. Por suerte no le hicieron mucho caso en ese momento, ya que no fue hasta 1954 cuando el diseñador industrial Brooks Stevens popularizó el término al titular así una charla sobre publicidad.

Durante principios del siglo XX, las industrias comenzaron a producir masivamente, y los consumidores cada vez querían más. Fue ese punto cuando la “Ingenieria de Valor” tuvo que plantearse, que “valor” realmente querían. Para disminuir costes y maximizar recursos frente ante una alta demanda, el hecho de confiar en la obsolescencia programada y disminuir la calidad y funcionalidad, era una buena opción. De este modo se justificaban a sí mismos, además de esperar la promesa de que los consumidores irían reponiendo los productos a medida que caducaran.

Han corrido ríos de tinta sobre este tema, algunos ven intenciones conspiranoicas del sistema capitalista, nacen iniciativas contra la obsolescencia programada de asociaciones de comerciantes, y los medios de comunicación se hacen eco de iniciativas ecológicas para convatirlo.

Aquí os dejamos un curioso reportaje de RTVE donde explican sus claves y repercusiones sociales http://www.rtve.es/alacarta/videos/el-documental/documental-comprar-tirar-comprar/1382261/

Podemos trabajar juntos para combatir los desperdicios tecnológicos con iniciativas como la de Alarsgasciencia con la cual se busca reparar, reutilizar e intercambiar productos para darles una segunda vida https://alargascencia.org/es y la Fundación Deixalles nos dan algunas ideas http://www.deixalles.org/es/ .